De familia acomodada, viajó a Europa en su primera juventud, tomando contacto con las vanguardias. Participó en la implantación de las mismas en Argentina, intentando el teatro y el periodismo, pero afincándose en la poesía. Contribuyó a la trayectoria de revistas que difundieron el ultraísmo, como Proa, Prisma y Martín Fierro. En ellas se dieron a conocer algunos de los principales escritores de su tiempo: Borges, Marechal, Güiraldes.
Su primer libro perfilado es Veinte poemas para ser leídos en el tranvía (1922), donde recoge la poética de la gran ciudad moderna, propuesta por el poeta francés Guillaume Apollinaire y el futurismo. El uso de palabras propias (neologismos) alternado con el verso libre y algunas formas clásicas, marca la diversidad de su obra en títulos como Calcomanías (1925), Espantapájaros (1932), Interlunio (1937), Persuasión de los días (1942), Campo nuestro (1946) y En la masmédula (1956).
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En Veinte poemas para ser leídos en el tranvía Girondo introduce la imagen de la gran ciudad y, al mismo tiempo, propone el acercamiento de la poesía a la vida cotidiana, a través del humor y del rechazo de la solemnidad. Este fenómeno, que se prolonga durante el siglo XX en experiencias singulares como la de los poetas mateístas, se explica por el contacto de Girondo con las vanguardias literarias y, entre otros, con el escritor español Ramón Gómez de la Serna. Otra obra de Girondo, En la masmédula (1956), explora las posibilidades del nonsense y de la jitanjáfora mediante la invención de palabras y los énfasis a través de recursos retóricos repetitivos.
Fuente: MSN |