Nació en Billom, en la región de Auvergne. Participó en la creación de la revista Documents (1929) y fundó Critique (1946), una influyente publicación mensual. Fue también miembro fundador, junto a Roger Caillois y Michel Leiris, del Collège de Sociologie, en 1937. Bibliotecario de profesión, convertido al catolicismo, después al marxismo, amigo de intelectuales, de etnólogos, de filósofos y de psicoanalistas, se apoyó en su amplia cultura para sentar los fundamentos de su análisis histórico y social, su teoría mística y su obra de ficción. Continuador de las tesis de Hegel, Bataille sostiene que el hombre, a pesar de las leyes que regulan su actividad, vive atormentado por la naturaleza, de la que se aparta a duras penas (Lascaux, o el nacimiento del arte, 1955).
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Este arraigo primordial con la naturaleza se manifiesta en la muerte y la sexualidad, dos factores de desorden que entran en contradicción con la vida social del hombre y sobre los cuales pesan, por la misma razón, tabúes y prohibiciones.
A su vez, sobre estos últimos se fundamenta el deseo de transgresión (El erotismo, 1957), que antiguamente se expresaba a través de la fiesta, el sacrificio o la orgía, pero que la sociedad actual proscribe, ayudada por la moral judeocristiana (La parte maldita, 1947). Su razonamiento avanza entonces por cauces próximos al éxtasis místico y le lleva a postular la ruptura de las barreras del yo y la afirmación de una “hipermoral” (El cura C, 1950), fuera de toda presuposición ética o religiosa.
En su trilogía titulada Summa ateológica (La experiencia interior, 1943; El culpable, 1944; Sobre Nietzsche, 1945), Bataille da cuenta de su trayectoria intelectual hacia “la vía ardua, agitada, la del hombre íntegro, sin mutilaciones”. La meditación es la encargada de conducir a ese estado de iluminación, sin recurrir a los alucinógenos y sin caer en el esoterismo, aunque tome prestadas disciplinas ascéticas de las místicas orientales.
El erotismo, piedra angular tanto de su interpretación de la historia y de la sociedad como de su mística individual, está también en la base de sus relatos de ficción. A lo largo de su trayectoria novelística, Bataille desarrolla un erotismo que se entremezcla con la sordidez y el horror, y que busca agotar todas las posibilidades hasta llegar a ese punto extremo en que lo repugnante y lo voluptuoso se asimilan y se anulan, permitiendo así al hombre superar su propia repulsión y librarse a representaciones ilusorias (El año solar, 1927; Historia del ojo, 1928; Madame Edwarda, 1937; El aleluya, 1947; El azul del cielo, 1957, escrito en 1935).
Su escritura muestra una tendencia al exceso, a la provocación violenta que rechaza la facilidad del estetismo (Odio a la poesía, 1947; La literatura y el mal, 1957). A menudo ha sido presentado como un escritor maldito e inclasificable debido a sus planteamientos desconcertantes, escandalosos, contradictorios y plurales. Sin embargo, Bataille ejerció una gran influencia entre los escritores de su época, que le copiaron mucho aunque le citaron poco. Hubo que esperar a las décadas de 1960-1970 para que su nombre figurara escrito por otros autores.
Fuente: MSN |